El fluir desde fragores pasados,
desde marzos o pasajes peatonales
infectos de eternidad,
de ecos sin crepúsculo.
Y tu fluir
tú escarcha tú fulgor
tú alegoría divina
tú metáfora inmarcesible.
Una esquirla brillante
de tu eterno fouetté
dotando el paisaje,
mi sintaxis horizontal.
Y yo
te porto y tiemblo presuntuoso
te conjugo en pasos,
en sonrisas hacia el cielo
en sonrisas hacia el cielo
hacia flores hacia niños jugando,
en tontos atisbos a la penumbra
a las cicatrices a las cenas de trincheras.
a las cicatrices a las cenas de trincheras.
R.Z