la noche
blanqueaba
lo impermeable.
Yo
caminaba
por la azotea
de un barrio
que
griseaba de murmullos
por demás azulados.
Ella sucedió
y
con inhumana solidaridad
enverdeció
su mirada trigal
que
sin requerir
palabras
o músculos
me descalzó
sobre
una calidad carcajada
o abrazo de reencuentro
(como lunas)
perdidos en mi memoria
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