En el centro de un mundo
anegado de silencios y ojos secos
se podía ver la órbita elíptica
dibujada por aquellos blancos pañuelos
que eran punta de lanza,carne de resplandor.
La inefable barbarie y nobleza
de aquellas fundamentalistas del futuro
junto con la estela de lágrimas
que aún guardaban las bondades
de sus pieles,
bordeando la Verdad como constante,
como hacha,
como estupefaciente dilecto
de los verdugos de la Luz,
cundían el Amor
sobre el Mundo de los Brazos Abnegados.
R.Z
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